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“Sea que se fundamente en la visión de un buen gobierno o en el plano de la ética comercial, es imposible cerrar los ojos
[…] al efecto destructivo [de la corrupción] en el ámbito de los negocios, con el consecuente desequilibrio en el progreso
industrial. Tal corrupción es un demonio internacional. Es contrario a las buenas costumbres y al orden público internacional
que es común a las comunidad de las naciones”.

 

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